Salud comunitaria

Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, "Elisa Martínez", es una organización civil que se dedica a la promoción de la salud entre trabajadoras/es sexuales, mujeres transgénero, sobrevivientes de trata de personas, migrantes y poblaciones callejeras, especialmente.

"Brigada callejera" clínica que brinda ayuda a sexoservidoras:
https://www.youtube.com/watch?v=6CujmEWNfbM

“ALIVE IN MEXICO: SEX WORKER PROGRAM IN MEXICO CITY”
Trabajadores sexuales son explotados y abusados en todo el mundo. La Brigada Callejera, en la Cuidad de México, apoya a trabajadores sexuales a luchar contra estos problemas. También La Brigada ofrece educación y muchos otros servicios para ayudar las trabajadores encontrar dignidad en su trabajo, y tener tan habilidades para encontrar el otro trabajo.
Liga con video: https://www.youtube.com/watch?v=Zx0xy14fnVw

Desde 1995 cuenta con un programa de salud que privilegia la reducción de daños, a partir de la evidencia.

Dichos daños pueden ser generados por el estigma y la discriminación hacia las trabajadoras sexuales y trans, la violencia policíaca y del crimen organizado, las infecciones de transmisión sexual como el vih, sida y el virus del papiloma humano y el uso de sustencias psicoactivas, a partir de evidencias.

¿Qué elementos contiene el programa de salud de Brigada Callejera?

1. Prevención de embarazos no planeados, acceso a metodología anticonceptiva gratuita y a bajo costo, anticoncepción de emergencia e interrupción legal del embarazo. Atención de mujeres y trans seropositivas.

2. Adolescentes y jóvenes. Particularmente hijas e hijos de trabajadoras sexuales, así como otras/otros menores que viven o trabajan en lugares donde se ejerce el sexo comercial.

3. Manejo Sindrómico de Casos de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), diagnóstico del papanicolaou: hongos, herpes, tricomonas, bacterias, VPH; y pruebas rápidas de detección de sífilis (VDRL).

4. Cáncer de mama (incluye socializar técnicas de auto-exploración de glándulas mamarias, exámenes clínicos, canalización a mastografías y realización de ultrasonidos en mujeres menores de 35 años, en los supuestos que señala la NORMA Oficial Mexicana NOM-041-SSA2-2002 Para la prevención, diagnóstico, tratamiento, control y vigilancia epidemiológica del cáncer de mama.). Así mismo Cáncer cervicouterino. (Incluye atención de lesiones de VPH en cavidad buco dental): papanicolaou, citología uretral, colposcopia, androscopía, electrocirugía, cirugía láser, electrocirugías de lesiones de VPH en la cavidad bucal en el consultorio dental.

5. Salud materno infantil: Ultrasonidos de mamas, pélvicos y fetales. Seguimiento del embarazo durante toda la gestación y canalización para el parto.

6. Aplicación voluntaria, consentida, informada y confidencial de pruebas rápidas de detección del VIH/sida. Acompañamiento a personas con resultados reactivos a confirmar resultados para garantizar acceso a tratamiento ARV, precoz. Promoción de la circuncisión masculina. Profilaxis tras exposición al VIH/Sida. Precauciones universales entre el personal de salud. Movilización social ante el desabasto relativo al VIH/Sida.

7. Mercadeo social de condones masculinos y femeninos, así como lubricantes solubles al agua; respetando siempre los derechos del consumidor.

8. Apoyo emocional y jurídico: atención psicológica, escucha activa, consejería entre iguales y atención jurídica.

9. Violencia de género: En la familia, la escuela, la comunidad, explotación sexual comercial infantil (ESCI) o adulta, trata de personas, violencia policíaca, violencia del crimen organizado, violencia institucionalizada.

10. Adicciones: Prevención, atención, mitigación de daños entre usuarios de drogas, especialmente inyectables.

11. Medicina alternativa: Acupuntura, masoterapia y flores de bach.

12. Movilización social por el acceso universal, esto significa, por la gratuidad de los servicios de salud que el gobierno mexicano ofrece a la población.

Paquete básico gratuito para trabajadoras –res sexuales:
Consulta médica general, pruebas rápidas de detección del vih, sida y sífilis, papanicolaou, citología uretral y consejería, gratuitos.

Cuota de recuperación en la compra de condones masculinos y femeninos y lubricantes solubles al agua.

Transversalidad de los siguientes enfoques:

• Derechos sexuales y reproductivos: Autocuidado de la salud, consentimiento informado, autonomía corporal, autodeterminación sexual.

• Perspectiva de género. Tomar en cuenta las inequidades de género existentes en la sociedad mexicana y sus repercusiones en la salud de las mujeres, particularmente trabajadoras sexuales, atendidas por la organización.

• No discriminación: Movilización social contra la incitación al odio por homofobia/transfobia, por misoginia hacia las trabajadoras sexuales o por desprecio hacia los usuarios de drogas. Incluye denuncias públicas, penales y civiles.

Actividades comunes a todos los servicios:

• Educación para la salud: Diseño de modelos educativos y material didáctico (manuales, folletos, historietas, audiocuentos) dirigidos a población indígena, jóvenes y adolescentes, así como a trabajadoras res sexuales. Trabajo de calle. Visita a puntos de encuentro.

• Investigación etnográfica sobre conocimientos, actitudes y prácticas.

¿Cómo entiende Brigada Callejera el concepto de salud y enfermedad?

Entendemos a la salud y la enfermedad, como las dos caras de la existencia, donde las condiciones de vida que el trabajo sexual facilita, acercan a las trabajadoras sexuales a la enfermedad, y su lucha por mejores condiciones de vida, la deberían aproximar a la salud biológica, psicológica y social, al arrancar conquistas laborales a los empresarios del sexo e instituciones de gobierno, encargadas de controlar la prostitución, que generen contextos de trabajo, menor nocivos para la salud; en el entendido de que no es posible obtener la plena salud en tanto la clase trabajadora sea explotada por sus patronos.

Esta contradicción, entre condiciones de trabajo que generan enfermedad y lucha laboral por condiciones más saludables que generen bienestar; es el pilar fundamental, sobre el que guiamos el trabajo de prevención del VIH/Sida y atención primaria a la salud sexual y reproductiva de las trabajadoras sexuales y más tarde, la iniciativa de salud laboral que ahora presentamos más elaborada.

Al respecto, nos encontramos con tres formas de entender a la salud y la enfermedad: La primera es la de la etiologia o causa específica de la enfermedad. La segunda es la de la epidemiologia tradicional. Y la tercera, es aquélla que reconoce que las causas de la enfermedad se encuentran en las relaciones sociales que permiten que las trabajadoras sexuales generen una riqueza incalculable y los dueños de los negocios donde se ejerce el comercio sexual, se lo apropien de manera particular, a costa incluso de la salud y la vida de las trabajadoras sexuales.

La primera concepción de la salud y la enfermedad, es la etiología específica: señala que se debe acudir a la medicina y a ciencias afines para resolver los problemas de enfermedad de las trabajadoras sexuales. Se realiza un diagnóstico de la enfermedad para iniciar un tratamiento que restablezca la salud. Considera un solo tipo de causas de la enfermedad: el elemento patológico es necesario y suficiente para que se produzca (etiología específica).

Los accidentes laborales se conciben como eventos que surgen por causas específicas como no emplear condones para su protección, actos inseguros como realizar pasos de baile erótico sin preparación suficiente que provocan fracturas o luxaciones, y hasta atropellamiento por huir de un operativo policíaco sobre una calle con vehículos en movimiento; donde toda la responsabilidad se deja a la trabajadora sexual.

Esta es la perspectiva de la medicina curativa: basta una acción competente de promoción del uso del condón entre trabajadoras sexuales, sus clientes y pareja, calentamiento previo al baile erótico y salir corriente por la banqueta, por ejemplo. Con respecto a la prevención, sería suficiente la realización de un taller básico para promotoras de salud. Los temas abordados incluyen aspectos sobre VIH, negociación del uso del condón, ITS, anticoncepción y autoestima; así como seguridad en la pista de baile y en la calle, entre otros más.

Una trabajadora sexual con esta información básica, con la capacidad de convencer a sus parejas sexuales sobre el uso del condón, con destreza para el baile y para no ser detenidas por la policía, es suficiente en este nivel de análisis tradicional.

Según este concepto, la trabajadora sexual sólo debe aprender algunos conocimientos, esto es, ser “educada” para prevenir los accidentes de trabajo como los expuestos arriba y las enfermedades laborales presentadas en este libro, sin tomar en cuenta que ella no trabaja sola y que forma parte de toda una industria que aumenta sus ganancias sin importarle la salud de las trabajadoras sexuales.

Capacitada la trabajadora sexual, es su responsabilidad prevenir accidentes de trabajo y enfermedades propias de su oficio como la insuficiencia renal; así como asistir periódicamente a los espacios designados por el gobierno y los empresarios del sexo para el control sanitario obligatorio, que garantice una fuerza de trabajo “sana” para ser explotada económicamente, como ocurre con los demás sectores de la clase trabajadora en su conjunto.

Bajo este criterio de análisis, se busca el acceso a los condones y servicios médicos y se relega lo fundamental, aquello que condiciona un mayor riesgo a la enfermedad y a la muerte: determinadas condiciones en las que se ofrecen los servicios sexuales y se comparte la intimidad con la pareja; y otras circunstancias en las cuales viven éstas trabajadoras (del sexo), como el hecho de no acostumbrarse la limpieza del tubo, entre el baile de una y otra teibolera.

Este enfoque centrado exclusivamente en la responsabilidad de la trabajadora sexual ante los riesgos laborales, ni siquiera contempla la posibilidad de promover la organización de las trabajadoras sexuales, ya que el gobierno asume las facultades de tutelar a este grupo de la población por encima incluso del respeto de sus derechos humanos argumentando la protección de la salud pública, donde las trabajadoras sexuales son tratadas individualmente y donde sus diferentes instancias organizativas no cuentan para otra cosa que no sea para promover el control sanitario y ficharlas.

Algunos de esos riesgos laborales son la inflamación de la piel por falta de aseo en los hoteles donde laboran, la presencia de hongos en los pies por falta de agua en las instalaciones donde se “ocupan” con sus clientes, la anemia por falta de una alimentación balanceada para no subir de peso y mantenerse esbeltas, las neumonías por la exposición directa a las temporadas de frío, la pancreatitis ocasionada por el consumo regular de bebidas alcohólicas al fichar en cantinas y bares, los embarazos con males por accidentes con el uso del condón, las angustias y ansiedad por la violencia policíacas y del crimen organizado, así como por la discriminación de que son objeto por parte de la sociedad y sus autoridades, el VIH/Sida y otras infecciones de transmisión sexual (ITS) por no practicar el sexo seguro o protegido con sus contactos sexuales, afecciones cardiovasculares por tratamientos hormonales de cambio de sexo, cicatrices e infecciones por cirugías pláticas mal hechas o cuidados posteriores a la operación insuficientes, entre otras más.

La segunda concepción de la salud y la enfermedad es la epidemiología tradicional: Expresa que las trabajadoras sexuales no son entes aislados, son una parte de una comunidad de personas que utilizan su cuerpo como herramienta de trabajo, con características sociales, económicas y culturales, expuestas a diferentes riesgos de enfermedad y muerte, como los relativos a la piel, digestivos, respiratorios, adicciones, embarazos, salud mental, ITS, venas, tratamiento sexual, hormonal y quirúrgico y cirugías estéticas, mencionados en el párrafo anterior.

Los elementos con los que está relacionada la enfermedad son los factores sociales, como el contexto donde se ejerce el trabajo sexual, donde la represión policíaca hacia este sector social que “afea” los centros históricos de México, la explotación sexual, económica y psicológica de que son objeto por parte de tratantes de personas, lenones y autoridades, la discriminación de que son objeto por otros sectores de la sociedad y el gobierno, así como el despojo de sus fuentes de trabajo, derechos laborales y patria potestad sobre sus hijos menores de doce años; dificultan no sólo la prevención del VIH/Sida, sino de las demás enfermedades y accidentes de trabajo.

Factores económicos como la extorsión que exige el pago de cuotas para poder trabajar en el sexo conocido como derecho de piso, el precio de las habitaciones donde se ocupan, que debe ser pagada cada que un cliente pasa con ellas, el costo del servicio, el hecho de que hoy día gane más un hotelero de La Merced que ella misma, el volumen de la cuenta que deben entregar a sus “padrotes”, el costo de los servicios de control sanitario como la detección del VIH/Sida, entre otros.

Factores culturales como los procesos de discriminación de las mujeres, particularmente de las trabajadoras sexuales, además de la reproducción familiar del ejercicio de la prostitución, la costumbre arraigada en algunos pueblos de Puebla y Tlaxcala, de explotar la prostitución ajena; así como el hecho de culpar a las trabajadoras sexuales de los feminicidios de que son objeto por dedicarse a una actividad inmoral.

Factores físicos como el escaso desarrollo de los genitales entre las mujeres menores de dieciocho años, que las hace más susceptibles a infecciones de transmisión sexual.
Factores químicos, como las irritaciones que produce el nonoxinol 9, sustancia que la Organización Mundial de la Salud (OMS) promovió durante los primeros años de la pandemia del VIH/Sida, como un coadyuvante en la prevención de dicha infección y que con el paso del tiempo se demostró que abre puntos de entrada al VIH, cuyo uso tiende a desaparecer en la actualidad por sus efectos nocivos; así como las laceraciones que provoca el uso excesivo del condón, sin lubricante soluble al agua en una jornada de trabajo. Circunstancias que abren puntos de entrada al VIH/Sida y otras ITS.

Estos y otros elementos, permiten establecer regularidades empíricas, esto es, basadas en la experiencia, entre dichos factores y el tipo, frecuencia y gravedad de la enfermedad o accidente laboral, particularmente del VIH/Sida y otras ITS, entre trabajadoras sexuales, sus clientes y parejas.

Se adopta un modelo multicausal: mientras mayores sean las condiciones de seguridad e higiene y las características mencionadas en relación a las trabajadoras sexuales, menor será el número de accidentes/transmisiones de VIH/Sida y enfermedades laborales, en el centro de trabajo sexual (hotel, centro nocturno, estética de masaje, lonchería, burdel). En materia de VIH/Sida, mientras haya un uso adecuado y consistente del condón, habrá menos posibilidades de infección. En el caso de enfermedades de la piel, entre más limpieza tenga la trabajadora sexual, independientemente de las condiciones en las que se encuentren sábanas, cobijas y almohadas, menos riesgos va a tener.

Según esta forma de pensar, los accidentes laborales son el producto de una relación entre el número de exposiciones a la situación que provoca la enfermedad, como el frío de las madrugadas, la violencia policíaca, el consumo de bebidas alcohólicas, las deformaciones en los pies ocasionadas por el baile, la luz solar que provoca problemas en la piel llamadas dermatosis, la electrólisis para eliminar vello facial, al VIH en el centro de trabajo, con el número de condiciones inseguras del establecimiento; además de algunas características socioeconómicas y culturales de las trabajadoras sexuales.

Esta manera de ver los accidentes y enfermedades laborales, vinculada a factores sociales como el perfil socioeconómico de las trabajadoras sexuales y sus clientes; y condiciones físicas como antecedentes de ITS y abortos, es el enfoque de la epidemiología tradicional.

Desde esta perspectiva los accidentes de trabajo y las enfermedades laborales, como la producida por el VIH, son el producto entre la frecuencia de las prácticas de riesgo y el número de parejas con quienes se ha tenido prácticas inseguras; donde toda la responsabilidad descansa en la trabajadora sexual, sin vincular a otros factores directamente relacionados con la industria sexual y la explotación económica, sexual y psicológica de que son objeto las trabajadoras sexuales en el capitalismo en México, como la presión a que son sometidas para aumentar el número de clientes atendidos, esto es, su productividad, a costa de no utilizar condón con ellos.

El taller básico de prevención de accidentes de trabajo y enfermedades laborales para promotoras de salud, se enfocaría solamente a que la trabajadora sexual reduzca el número de prácticas inseguras, donde el acceso a los condones, a material de limpieza personal, entre otras más, se considera su exclusiva responsabilidad.
Además de los temas mencionados arriba, se incluye un diagnóstico sobre el perfil de las trabajadoras sexuales y clientes, esto es, un análisis de las características de unas y otros, que nos permita establecer factores de riesgo, contextualizando las sesiones desde la visión del médico encargado del control sanitario, investigador o educador correspondiente.

Se vinculan los derechos humanos en la práctica de las trabajadoras sexuales capacitadas previamente como promotoras de salud y sin embargo, no se atienden sus necesidades inmediatas. Así mismo, se ubican grupos prioritarios y se insiste sólo en la práctica de actividades sexuales, menos riesgosas y no se discute sobre el efecto que tiene en la transmisión del VIH/Sida, la explotación económica de que son objeto por parte de los empresarios de la industria sexual. Tampoco se toman en cuenta los demás accidentes laborales y enfermedades de trabajo, relacionadas con el trabajo sexual.

La trabajadora sexual sigue siendo un recipiente que se llena con información, cuyo papel es aprender pasivamente para protegerse del VIH/Sida. Bajo ésta óptica, se promueve la organización de las trabajadoras sexuales para que ayuden al gobierno en la prevención del VIH/Sida y así se conviertan en un sector social sin exigencias hacia el gobierno, que deje ganancias importantes a quienes controlan la prostitución.

La tercera concepción de la salud y la enfermedad es aquélla que busca reconocer las causas fundamentales de la enfermedad, esperanza de vida y muerte, acceso y disponibilidad real de las trabajadoras sexuales a servicios médicos y condones de calidad, así como a seguridad en los lugares donde trabaja para no ser objeto de agresiones por parte de clientes, autoridades, vecinos, líderes y parejas.

Este abordaje considera que la causa fundamental de las infecciones de transmisión sexual, entre ellas el VIH/Sida, residen en la estructura de la sociedad y de la industria sexual, en particular. Entiende el proceso de salud enfermedad como un fenómeno social cuyas causas deben buscarse en la estructura de la sociedad para determinar por qué existen situaciones diversas entre las trabajadoras sexuales de niveles socioeconómicos diferentes y entre ellas y los empresarios del sexo.

Desde esta perspectiva, las condiciones reales de existencia determinarán en última instancia las posibilidades objetivas de evitar, minimizar o retardar la presencia de una enfermedad entre las trabajadoras sexuales, entre ellas el VIH/Sida y el cáncer cérvico uterino, provocado por el virus del papiloma humano.

La transformación de las condiciones materiales adversas para la salud, sólo puede llevarse a cabo a través de prácticas concretas: la organización de este sector de los trabajadores, su movilización por la obtención de mejores condiciones de trabajo sexual, para arrancarle al gobierno y a los empresarios del sexo, reivindicaciones económicas, políticas y de salud que mejoren sus condiciones materiales de existencia. Así mismo, la lucha contra la reproducción del capitalismo, la organización autónoma de las trabajadoras sexuales con otros sectores de la clase obrera para derrocar al régimen y erradicar así la explotación del trabajo ajeno, sexual o de cualquier otro tipo.

El taller básico se inscribe en este nivel de análisis y busca prevenir la transmisión del VIH/Sida dentro de una estrategia general de lucha de clases de las trabajadoras sexuales, superando la visión inmediatista de la lucha gremial de satisfacción exclusiva de sus necesidades inmediatas y estratégicas de este sector del proletariado. La responsabilidad sobre el abastecimiento oportuno de condones, ya no recae sobre las trabajadoras sexuales, sino sobre los empresarios del sexo y la supervisión de esta actividad, estaría a cargo de la instancia gubernamental correspondiente.

Ahora, ante la falta de voluntad política de las diferentes instituciones del Estado en asumir dicho compromiso y responsabilizar a este sector de la burguesía; así como ante la falta de políticas públicas y acciones afirmativas en tal sentido, corresponde a las trabajadoras sexuales y a sus aliados de clase, trazar la ruta crítica del sector sexual de la economía a partir de la organización cooperativista de las diferentes unidades organizativas de producción del sexo comercial, socializando los medios de producción de los servicios sexuales y sentando las bases de una nueva sociedad donde se respete el derecho de la autodeterminación de este sector de la clase obrera y no se planteé la abolición de la prostitución por decreto.

Cualquier medida gubernamental o política de estado, dirigida a este sector de trabajadoras sexuales, debería respetar la autodeterminación personal de las personas adultas de ejercer o dejar de ejercer, el trabajo sexual. En todo caso, en lo que respecta a la prostitución infantil de menores de 18 años, debería atenderse las causas que la generan y no criminalizar a niñas, niños y adolescentes.

Este enfoque centrado en las contradicciones de clase al interior de la industria sexual, parte de la necesidad de facilitar las condiciones subjetivas para la organización gremial y política de las trabajadoras sexuales en contra del capital, buscando la destrucción del capitalismo y el derrocamiento del régimen burgués que genera fortunas o recrea otras existentes con la explotación sexual y económica de este sector económico.

Desde esta perspectiva, se entiende que los programas de control sanitario obligatorio del sexo comercial, están al servicio de la patronal y que en ninguno de los casos aportan seguridad social a este grupo de trabajadoras.

Finalmente se propone suprimir las facultades de tutela del Estado sobre las trabajadoras sexuales y sumar esfuerzos en aras de la autonomía, gobierno comunitario y sustentabilidad de programas de salud sexual dirigidas por éstas trabajadoras y sus aliados de clase, los trabajadores de la salud. Bajo esta óptica se entiende que el interés de los diferentes programas públicos, municipales, estatales y federales en materia de control sanitario del trabajo sexual, es recaudatorio y configura una de las expresiones institucionalizadas de la explotación sexual, económica y psicológica de este sector de la clase obrera que debe suprimirse a través de la lucha.

Ahora, el ser biológico de las trabajadoras sexuales, está condicionado por determinantes sociales ya que en el organismo coexisten, en permanente contradicción y en unidad relativa, la salud y la enfermedad.

El paso de la salud a la enfermedad es el producto de una serie de cambios cuantitativos que se presentan en el organismo de las trabajadoras sexuales y en el medio ambiente físico y social, en el que se desenvuelven cotidianamente.

Esto provoca mayores riesgos de enfermedad; más susceptibilidad al ataque de elementos patógenos por las características específicas del organismo; menos defensas del organismo (por desnutrición); aumentan los períodos de exposición a ambientes contaminados; se incrementa en el organismo el tiempo de presencia de los agentes patógenos, y dichos agentes patógenos tienen mayor resistencia a los anticuerpos, y surge la enfermedad y/o los accidentes laborales de la industria sexual.

La exposición a los riesgos de enfermedad y muerte por parte de las trabajadoras sexuales, la interpretación de la salud y la enfermedad en este grupo específico y la manera en que se resuelven los problemas de salud en contextos de sexo comercial; no es igual en las trabajadoras sexuales de ámbitos laborales diferentes y niveles socioeconómicos diversos.

Como dijo el SCI Marcos en su visita a la organización, “No es lo mismo tener SIDA en Polanco que en la Merced”. Es diferente que una estrella porno de Los Ángeles California, se enferme a que lo haga una bailarina erótica, teibolera pues, de un centro nocturno de lujo mexicano como el “Men´s Club” o una trabajadora sexual de una estética de masajes clasemediera de la colonia Roma o una compañera de las calles proletarias de la Merced. Así mismo es diferente que se enfermen dichas trabajadoras sexuales a que lo hagan sus patrones.

Por ello es necesario rebasar el modelo uni-causal que sólo considera como responsables de la enfermedad de las trabajadoras sexuales a los agentes patógenos como el VIH/Sida, superar el modelo multi-causal de la epidemiología tradicional y asumir el análisis de las condiciones sociales que originan las ITS, los embarazos no prevenidos, el cáncer cérvico uterino y las características del proceso de prestación de servicios sexuales. Condicionantes fundamentales para que se desencadenen procesos patológicos o se condicione la existencia de un campo propicio para la enfermedad.

Las trabajadoras sexuales, al igual que los trabajadores de otros sectores de la producción y los servicios, poseen en su mayoría condiciones de vida y de trabajo nocivas para su salud; quizá en desventaja respecto de otros sectores de la clase trabajadora en su conjunto y de los patrones de la industria sexual.

Los nexos entre enfermedad, accidentes laborales y medio social y físico, aparecen cuando se indagan las causas determinantes y condicionantes de diferentes cuadros patológicos, entre los que destacan las ITS, el cáncer cérvico uterino, problemas gastrointestinales, padecimientos de la piel, entre otras afecciones a la salud.
Padecimientos ocasionados por la falta de medidas de salud laborales, como es la disponibilidad de condones a bajo costo, ya que estos son la herramienta principal de las trabajadoras sexuales y otros grupos de la población con prácticas de riesgo, para prevenir la transmisión del VIH/Sida.

Dicha falta de una medicina del trabajo sexual, ha generado la imposición de programas impositivos de control sanitario del VIH/Sida y en los dos últimos sexenios (Fox y Calderón), la promoción del seguro popular, como la respuesta ante los problemas de salud de las trabajadoras del sexo mexicanas.

Ante esta situación, la propuesta de Brigada Callejera es generar espacios de salud física, psicológica y comunitaria que faciliten condiciones para reafirmar el auto-cuidado de la salud sexual y reproductiva de las trabajadoras sexuales y no el control sanitario del sexo comercial.