
Un transfeminicidio en la carretera Lechería
Humberto Ríos Navarrete
Se llamaba Viridiana. Era una mujer transexual. En vida respondía al nombre de Jesús. Fue asesinada en su casa. Tenía 24 puñaladas. El culpable fue sentenciado a 55 años, pero sus abogados insisten en reducir ese número. Los familiares de la víctima, que durante meses han transitado por escabrosos caminos de la burocracia, han sufrido amenazas.
Su hermana Aranza, también transexual, cuenta que ella y su familia han vivido con miedo, pues durante el extenso juicio, familiares del asesino se burlaban y sufrían acoso. Con la muerte de su hermana, dice, “me arrebataron una parte de mi carne; ya no estoy completa”.
La familia Villegas Ramírez solo pide justicia.
Y es que el desigual camino del proceso, aseguran, ha sido de omisiones y violencia institucional; en especial para que enfoquen su asunto con perspectiva de género, de acuerdo a un informe del área jurídica del colectivo Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer.
En el momento del crimen, señalan, Viridiana estaba en su domicilio del Estado de México, “una zona compleja que tiene índices altos en feminicidios, violencia doméstica y desaparición de mujeres”.
Aranza y su familia han sufrido cuadros de violencia. Afuera de su domicilio, rompieron los vidrios de su camioneta, mientras que los agresores lanzaban amenazas de muerte; la segunda vez, durante la madrugada, ocurrió en su zona de trabajo, cuando una camioneta intentó sacarla de la carretera.
Los niveles de estrés de Aranza han sido intensos, como ha sucedido con muchas trabajadoras sexuales que enfrentan un juicio, porque “no identifican la violencia o los abusos con indignación”, sino “con sumisión, miedo y silencio”, destaca el informe.
El juez, mientras tanto, dictó la sentencia definitiva el 25 de junio de 2024, con 55 años de prisión y una multa de 274 mil 227 pesos al asesino de Viridiana, “reclasificando el delito de homicidio a feminicidio”.
Durante mucho tiempo —hasta que perdió la vida, el 4 de marzo de 2022—, Viridiana Villegas Ramírez asistía a los servicios que ofrece Brigada Callejera, un colectivo del que era cercana, “ya que, como promotora de salud, vinculaba a compañeras transexuales y cisgénero para hacerse estudios”.
Aranza, de 42 años de edad, es una de los más grandes de los 10 hermanos; ella siempre ha trabajado.
“El mayor porcentaje de mujeres transexuales son el sostén económico en casa”, refiere el informe de Brigada Callejera, cuya abogada, Arlen Palestina, acercó a este reportero a familiares de la víctima.
—¿Qué sucedió aquel día?— se le pregunta a Aranza.
—El día 4 de marzo de 2022 fue cuando a ella la encontramos en su casa asesinada. Vivía en el municipio de Tezoyuca, Estado de México.
—¿Cómo se dieron cuenta?
—Haga de cuenta: yo vivo a una cuadra de ella, en Tequisistlán. Ella siempre fue una mujer independiente. Le gustaba vivir sola. Ese día, como de costumbre, mi hermano Kevin, iba a preguntarle si iba a trabajar. Era ya en la tarde. Acababa de despertarse. Nosotras trabajamos de noche y por lo regular nos levantamos tarde. Mi hermana estaba con una persona. Acababa de despertarse. Ella le dijo que no necesitaba nada.
—Y Kevin regresó a su casa…
—Sí, normal, y dijo que avisaría cuando iba a trabajar, porque ella trabajaba en el mismo lugar que yo, que es en la carretera Lechería—Texcoco, en el mismo municipio…Pero ya no legó. Cuando yo llegué al hotel, porque yo trabajo afuera de un hotel Diamante, ya no llegó mi hermana.
Pasaron las horas y Viridiana no aparecía. Entonces otro de los hermanos regresó a la casa donde vivía y la encontró sobre un charco de sangre. La noticia circuló rápido entre la familia. El padre fue a buscar a Aranza y le avisó. Ella estaba trabajando. Eran cerca de las once de la noche. Se le hizo extraño que su padre la buscara.
—¿Y qué pensaste?
—Se me hizo una cosa anormal. Algo feo sentí. Me subí a mi carro y me fui a la casa de mi hermana. Me acuerdo que me bajé corriendo, me quité las zapatillas; mi papá me dijo algo, pero yo no entendí, porque me bajé gritando. Un grito desesperado. No recuerdo qué decía.
—¿Y después qué pasó?
—Yo primero paso a ver a mi papá, que estaba en shock; y es que él es diabético, está enfermo.
—¿Y qué piensas a estas alturas de aquel hecho?
—Yo solo quiero que se haga justicia para mi hermana Viridiana. No todas las mujeres transexuales tienen una familia. No todas las mujeres transexuales tienen una hermana para luchar por ellas. Por desgracia a nosotras nos matan a diario y los casos se quedan impunes; quiero que se haga justicia y espero un poco de consuelo para mi familia, que estamos hechos pedazos; porque a mí me arrebataron una parte de mi carne. Y yo, desde que se fue mi hermana, ya no estoy completa, ya no soy la misma.
https://www.milenio.com/opinion/humberto-rios-navarrete/cronicas-urbanas...
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